viernes, 30 de mayo de 2014

KISS: Las Criaturas Del Derroche (Parte 2)


La formación original de KISS fingiendo ser amigos en la entrega de premios del R&R Hall of fame



KISS, la marca.

Abril 2014. Los miembros originales de KISS son inducidos en el Rock And Roll Hall of Fame después de intercambiar insultos en la prensa. Atrás quedó esa gira de reunión que tantas alegrías y esperanzas proporcionó a los fans. KISS se han convertido en una marca nuevamente. Solo que esta vez la marca hace mayor sombra a la música. Si atendemos a las palabras de Paul Stanley nos dirá que los KISS actuales son una mejoría respecto a los KISS de la gira de reunión, o lo que es lo mismo, la formación original. Obviamente. La nueva formación es superior desde el punto de vista musical. Y el hecho de tener a dos mercenarios a sueldo suplantando a los miembros originales ayuda a que todo esté a gusto del Starchild, esa criatura ambigua que ejerce de pareja de hecho de Gene Simmons, el mayor embustero del negocio musical, el demonio de la mentira y la codicia. Ambos son felices con esta nueva etapa en la que el merchandising sobrepasa todos los límites concebibles, se reparten las ganancias ellos solitos, pagan a sus marionetas su sueldo y vuelven a sus mansiones con grifería de oro con la conciencia tranquila. KISS en el 2014 son una marca, no una banda.

Resulta triste ver como un grupo que ha tenido la oportunidad de vivir una segunda vida en la que el reconocimiento y el éxito sonríen de nuevo a su favor acaba por convertirse en una mera excusa para alimentar una maquinaria de hacer dinero fácil que no es nada respetuosa con el espíritu original del grupo. De acuerdo, KISS siempre supuso espectáculo y merchandising en dosis exageradas, pero hubo un tiempo en el que la música formaba parte indivisible del paquete. Y 2014 es un buen momento para que un fan del grupo (yo, por ejemplo) haga un repaso a su carrera para analizarla y desvelar los motivos que llevaron a cuatro músicos de Nueva York a convertirse en una marca registrada.

Para trazar los inicios de KISS nada mejor que recurrir a dos documentos bibliográficos escritos por Ken Sharp “KISS: Behind The Mask”, editado en 2004 y el más reciente “Nothin’ To Loose: The Making Of KISS”. Ambos aportan información más que suficiente sobre el proceso creativo de la banda, dejando al descubierto secretos que demuestran que no es oro todo lo que reluce y ayudan a poner la historia (revistada a base de subterfugios mil y una veces por Simmons y Stanley) en su sitio. Si a estos les añadimos las autobiografías de los miembros originales, llenas de acusaciones hacia los restantes miembros, tenemos un cuadro completo que retrata los logros y miserias de una banda destinada a dejar huella en el gran circo del Rock & Roll. 


De las muñecas al S&M.

Los orígenes de KISS son la típica historia de todo grupo de Rock de la vieja escuela. Son los primeros 70’s, Simmons y Stanley ejercen de bajista y guitarrista en Wicked Lester, grupo con el que logran grabar un álbum para Epic Records que acaba inédito. Desencantados con el sonido del grupo, abandonan la nave para comenzar un nuevo proyecto orientado hacia el incipiente Hard Rock que domina las listas de éxitos. Pronto se les une Peter Criss, un baterista que ya había probado su suerte en una banda profesional, Chelsea, dispuesto a hacer lo necesario para lograr el estrellato. Durante un tiempo ensayan como trío hasta que un buen día Paul “Ace” Frehley se une para ocupar el puesto de guitarra solista. Durante décadas el bueno de Gene Simmons se empeñó en convencer a todo el mundo de que los New York Dolls nunca supusieron una influencia a la hora de crear KISS, simplemente compartieron escenario, falacia absoluta que se ha desmontado en los últimos años gracias a la publicación de los libros anteriormente mencionados. En realidad, el primer paso hacia el estrellato del grupo fue un intento de competir con los Dolls, adoptando una imagen similar pero con un sonido obviamente equidistante del Proto-Punk de las muñecas. Es más, incluso hemos descubierto que Peter Criss fue amigo de Jerry Nolan en la adolescencia, de modo que esa conexión “inexistente” entre las dos bandas es más que evidente. No solo compartieron escenario, también tenían un mismo objetivo: ser la banda definitiva de New York.

Conscientes de que su look Glam se acercaba más a una panda de travelos que a cuatro estrellas de Hollywood, decidieron copiar un poquito de Alice Cooper, otro poquito de The Fast y darle unos retoques inspirados en el Kabuki (aunque dudo mucho que supieran lo que es el Kabuki) para crear una imagen que los alienaría del resto de los músicos de Rock. Gene Simmons acabaría convertido en “The Demon”, Paul Stanley adoptó el ambiguo rol de “The Starchild”, Ace Frehley aseguraba ser de un planeta llamado Jandel (en serio) de modo que se convirtió en “The Spaceman” y finalmente Peter Criss se desveló como “The Catman”. Los cuatro chavales de New York pasaron de simples músicos a ser cuatro superhéroes de comic, asegurándose un puesto irremplazable en la iconografía de los años 70. A continuación se aseguraron de que sus uniformes fueran a juego y eligieron el negro y plata con unos cuantos complementos sacados de tiendas de S&M de la escena gay neoyorquina, siempre presente en los años de formación del grupo. En cuestión de unos meses pasaron de ser unas Drag Queens a convertirse en cuatro criaturas de la noche. La imagen ya estaba creada y para reforzarla nada mejor que crear un logo, ideado por Ace Frehley y retocado por Stanley, elemento omnipresente a lo largo de toda su carrera.

Siguiente paso: grabar una demo. Gracias a los contactos de Gene Simmons y Paul Stanley logran grabar una demo con Eddie Kramer a la producción. Simplemente con escucharla uno se da cuenta de que KISS, en sus inicios, no eran una Glitter Band de segunda fila. Los temas registrados son piezas de Rock & Roll callejero con pinceladas de Hard Rock británico que muestran a un grupo con un sonido solido y directo, carente de artificio alguno. No solo de maquillaje viven KISS.

Bill Aucoin. El hombre de negocios detrás de la formación original de KISS


 Agosto 1973. Las criaturas del derroche son bendecidas con la aparición de Bill Aucoin, figura capital en el desarrollo de KISS, empresario que trabajaba en el mundo de la televisión y que entendió a la perfección el aspecto teatral del grupo. Ya tenían manager. Lo curioso es que una banda tan sexista como KISS se viera rodeada en sus inicios por personas relativas a la escena gay neoyorkina. Bill Aucoin era gay y su pareja, Sean Delaney, se convirtió en el asesor de imagen del grupo, algo que a Simmons se le borró de la memoria durante muchos años. Si Aucoin era el que tenia la visión empresarial, Delaney era el encargado de llevar al grupo un paso adelante en cuestión de imagen. Gracias a él, los cuatro chavales llenos de sueños roqueros refinaron su look: les tiño el pelo de negro, los llevó a un par de clubs gays para que se fijaran en la estética S&M (impagable el recuerdo de Peter Criss al presenciar una sesión de fistfucking) y les ayudó a crear una coreografía, entre muchas cosas. Poco a poco los gimmicks empezaron a entrar en escena. Gene escupiría fuego y vomitaría sangre en el escenario, la batería se elevaría, el logo del grupo cobraría forma tridimensional y adornaría el escenario, un candelabro detrás de Simmons aportaría el toque gótico. La maquina comenzaba a rodar con seguridad y control absoluto. Solo faltaba un último paso. El definitivo. Un contrato discográfico.

Neil bogart era el capo del sello Buddah Records, hogar del Bubblegum y en 1973 estaba decidido a crear su nueva compañía: Casablanca Records. Gracias a la intervención del gran Bill Aucoin el grupo firma un contrato con la recién nacida compañía en noviembre de 1973.

La montaña rusa se puso en marcha.

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