miércoles, 28 de mayo de 2014

KISS: Las Criaturas Del Derroche (Parte 1)

La formacion original de KISS antes de convertirse en jugetes para niños


Introducción: el rock de una noche de verano

Noviembre 1996. Estoy inquieto. En unas horas estaré en Zaragoza viendo a la formación original de KISS recreando sus momentos de gloria. Suena el teléfono. La agencia que organiza el viaje me notifica que por motivos de no-se-que-huelga el concierto se aplaza hasta el año siguiente. Me siento decepcionado. Desde que se anunció la reunión de los miembros originales no tengo otra idea en la mente: ver a uno de mis grupos favoritos en directo. Como no hay mal que por bien no venga, el aplazamiento supone un cambio a mejor, un colega (saludos Jaime!!!) se apunta a la cita del junio 26 de 1997. Y hasta allí nos fuimos en un bus cargado de jevis trasnochados, fans del Popu y demás especímenes, viajando de noche con Venom, WASP y Brutal Truth sonando de fondo (!!!) para llegar alrededor del mediodía a la plaza de toros que albergó el evento.

Lo que sucedió ese día solo puede entenderse si alguna vez has sido un adolescente fan del rock clásico y pesado de la década de los 70’s. Poco a poco el perímetro de la plaza pasó de estar casi desértico a convertirse en una muestra del despliegue logístico propio de un concierto de Stadium Rock, con los guardias de seguridad de proporciones giganticas y la road crew salida de una película de motarras sureños haciendo su trabajo mientras esperábamos con ansia la hora de apertura de las puertas. A medida que avanzaba la tarde, el resto de las piezas se ensamblaron: el puesto de merchandising, cargado de ítems para los coleccionistas; los vendedores “alternativos” y sus camisetas y posters de baja calidad; los jevis recién salidos de un video ochentero de Obús, con sus parejas ataviadas con leotardos de estampado felino, laca y tacones altos, ajenos a todo lo sucedido tras 1987 y unos cuantos amantes de la fiesta bien cargados de litrona y calimocho preparados para disfrutar de un colapso debido al calor y  la masificación. Pronto las vallas para hacer cola se colocaron. Nos aseguramos de estar los primeros en la fila, para eso nos habíamos pasado toda la tarde esperando, y entraríamos los primeros. Sin duda. En cuanto las puertas se abrieron corrimos hacia la primera fila. Ese era nuestro sitio y nadie nos lo quitaría. No Way!!!

Una vez asentados en nuestros puestos la espera se hizo más larga. Tener que aguantar a unos teloneros no entraba en nuestros planes, pero… no quedaba otro remedio. Si hubieran venido The Hellacopters, que habían abierto un par de shows en fechas anteriores, seguramente que no habríamos sufrido en absoluto la espera, pero no pudo ser. Teloneros fuera. Música ambiente mientras los pipas preparaban los últimos retoques y… el cielo se cubrió de estrellas, la noche había llegado. El momento estaba muy cerca. Mi colega Jaime apuntó claramente un detalle: “las criaturas de la noche no pueden salir durante el día”. El escenario estaba despejado, la música seguía sonado hasta que llegó el final. No mas esperar. Nuestros jóvenes tímpanos iban a ser destrozados con nuestra música favorita: Rock & Roll a todo volumen.

Seguro que todos habéis experimentado ese momento en el que sabes que algo grande va a suceder. Esos minutos previos a una noche de juerga inolvidable, el instante en el que te besas por primera vez con una chica que realmente deseas. Ese momento en que todo tu cuerpo necesita expresarse alto y claro. El instante previo al éxtasis. Esa noche el momento llegó cuando comenzó a sonar por los monitores una canción. Ya era la ultima. Ya no sonaba por los altavoces de ascensor. Los monitores rugían con un clásico: “Won’t Get Fooled Again” de The Who nos advertía que en unos minutos el escenario seria el vórtice de un espectáculo irrepetible. Recuerdo perfectamente que mi vejiga no podía resistir más, estaba atrapado entre miles de personas, empujado hacia unas vallas que me dejarían unas marcas terribles, imposible salir de allí. La canción avanzaba hacia el famoso puente en el que Keith Moon se divierte con el sintetizador de fondo. Redoble tras redoble el momento llegaba. Me sentía más nervioso que cuando le llevaba las notas a mi madre, en serio. De repente, algo inesperado. Junto con el famoso grito de Daltrey (años antes de acabar sobreexplotado por los C.S.I.) un telón de dimensiones faraónicas cayó, cubriendo todo el escenario. Un logotipo del grupo con transparencias nos permitía ver como los cuatro superhéroes del Heavy Rock entraban en escena. 

Mi vejiga iba a estallar. 

Unos segundos de silencio y la frase más famosa del Glam daba el pistoletazo de salida: “Alright Zaragoza. You Wanted the Best, You Got The Best. The Hottest Band In the World: KISS”. En ese momento perdimos la razón. La famosa intro de “Deuce” comenzó a sonar, la pirotecnia estalló a la vez que el telón se alzaba, mis manos cornudas (a 3 dedos) se alzaron todo lo alto que pude alzarlas, la gente me estrujaba contra la valla, el hielo seco se colaba en mis pulmones, no cantábamos: gritábamos como posesos, hacíamos headbanging  como si el mundo se fuera en ello; olvidé mis ganas de mear, mi nombre y todo lo que no tuviera que ver con KISS. 

Los clásicos se enlazaban continuamente, no había tregua. Desde las explosiones durante “Deuce” hasta la lluvia de confetti durante “Rock And Roll All Night” asistimos a los monólogos lascivos de Paul Stanley, descarado a la hora de contonearse como un pavo real; vimos a Gene Simmons alzarse en el aire después de haber salpicado las primera filas con sangre de pega para cantar “God Of Thunder”; nos divertimos con el solo de Ace Frehley y sus movimientos de borrachín arrogante; incluso “Beth” me gustó por primera y última vez en mi vida mientras Peter Criss se sentaba en primer plano intentando no desafinar. Las cámaras nos enfocaban y podíamos vernos en los monitores traseros; si girabas tu cabeza hacia atrás podías ver una marea de headbangers agitándose al ritmo de clásicos como “Watchin’ You” o “Detroit Rock City”; las explosiones elevaban nuestro umbral del dolor hasta cotas realmente altas; los colegas y conocidos nos evitaron durante un mes para evitar la crónica repetitiva de un espectáculo que cambió nuestras vidas. Así de acojonante fue la experiencia.

Una vez acabado el concierto nos tomamos unas copas para rebajar la adrenalina antes de coger el bus de regreso a casa, con una sonrisa de oreja a oreja  y cubiertos de sudor, mucho sudor. Ya lo decía Lonesome Dave Peverett: If you don’t sweat, it ain’t Rock & Roll.

2 comentarios:

  1. Que wapo.....yo era de esos a los que le contabas tu conciertazo con Kiss...la frase "estaba mas nervioso que cuando le llevaba las notas a mi madre"...siempre me ha molado y me ha parecido muy descriptiva del momento...m'alegro que escribas de lo que te gusta y de lo que tantas veces me has enseñado....la musica...y yo lo seguire leyendo encantado!! Apertas Pablete!!

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