La balada del dios
del trueno y el polvo de ángel
En 1976 KISS habían pasado de ser un grupo de culto a
convertirse en “The Next Big Thing” gracias al éxito de Alive!. Sus primeros
discos comenzaron a venderse gracias a una nueva generación de fans consumidos por la
naciente (y creciente) KISSmania. Alive! se convirtió en disco de platino. Ya
no necesitaban ejercer de teloneros, eran el acto estrella del momento. Una
nueva etapa cargada de sexo, drogas y hard rock comenzaba, y para inaugurarla
decidieron llevar su sonido un paso hacia delante. Nuevamente, no sabían lo que
les venía encima.
Destroyer (1976)
Considerado por crítica y público como el mejor álbum de
estudio del grupo, Destroyer supone un cambio significativo en el sonido del
grupo. En un intento de convertirse en una banda respetada como Alice Cooper,
contratan a Bob Ezrin, la mente maestra detrás de álbumes como “Billion Dollar
Babies” o “Berlin” conocido por sus aptitudes tiránicas y su capacidad para
convertir todo en oro. Algo así como un rey midas del Rock & Roll.
Lógicamente la producción suena solemne, incluso adelantada a su tiempo, pero
KISS no eran grandes músicos como la Alice Cooper Band y eso sólo podía dar
problemas. El tema que abre el disco, “Detroit Rock City” se convirtió en un
clásico absoluto del grupo; con un sonido más próximo al Heavy Metal y unos
arreglos magistrales, asistimos a la narración de los preparativos de un
adolescente antes de asistir a un concierto (un KISSconcierto, por supuesto)
que acaba con un final fatídico. Una de las muchas normas que Ezrin impuso al
grupo fue abandonar la temática “soy una estrella del rock y tu una groupie”
propia del grupo. Irónicamente el siguiente tema es una oda al rock & roll
way of life llena de referencias al sexo oral; “King Of The Nighttime World”
fue grabada originalmente por Hollywood Stars, la respuesta Angelina a The New
York Dolls, gestada gracias al maquiavélico Kim Fowley, un tema realmente
potente que muestra a unos KISS más centrados en el plano musical. Paul
Stanley, conocido por su tendencia a arrimarse al hombro más conveniente, acosó
a Ezrin con sus composiciones, entre ellas “God Of Thunder”, el tercer tema del
disco. En cuanto Ezrin la escucho se mostró firme: Gene la cantaría, para eso
se disfrazaba de “The Demon”; el pobre Stanley tuvo que agachar la cabeza y
aceptar el hecho de que el tema pertenecía a Simmons. Con un sonido realmente
pesado y unos arreglos excelentes, cortesía de los niños de Ezrin, Genie se
estrena a lo grande, llevando un paso más allá su personaje demoniaco. Todo un
clásico. El propio Simmons juró y perjuró durante los años de formación que
KISS nunca emplearían teclados y mucho menos baladas. El propio Simmons canta
el primer tema orquestado del grupo:”Great Expectations” es el hijo pobre de
“Hello Hooray”, grabada por Alice Cooper, una dedicatoria llena de
condescendencia hacia los fans.
La cara B se abre con “Flaming Youth” tema de relleno que
solo merece ser reseñado por su empleo de un riff de guitarra en 7/4 sobre un
ritmo de 4/4; compuesto a base de retazos, demostró ser toda una complicación a
la hora de llevarlo al directo. El siguiente tema, “Sweet Pain”, mejora
considerablemente el nivel; Simmons se muestra como un amante aburrido que
decide recurrir al S&M para complacer sus necesidades más básicas.
Conscientes de que su nuevo público está compuesto por adolescentes con las
hormonas alteradas, deciden componer un nuevo himno llamado “Shout It Out
Loud”, gran tema para corear en estadios y fiestas universitarias. Ya he
mencionado la reticencia de Simmons hacia las baladas, algo difícil de creer
una vez que escuchas “Beth”, la canción más controvertida del disco; Peter
Criss siempre ha intentado mantener una imagen de pandillero peligrosísimo,
pero no dudó un momento en cantar una canción más cercana a Barry Manilow que a
un himno para Hell’s Angels. Pura basura, que sin embargo ayudo a que el álbum
vendiera más. El disco llega casi a su fin con “Do You Love Me”, canción que
cuestiona el comportamiento de las groupies en un disco que se suponía no iba a
tratar de sexo (!!!), excelente vehículo para un Paul Stanley necesitado de
atención dentro y fuera del escenario. Otro clásico. Como regalo, una pieza
semioculta al final del disco (genéricamente conocida como “Rock & Roll
Demons”) creada por Erzrin a base de cintas pasadas al revés y samples de
Alive!. Lo más cerca de Stockhausen que pudieron estar KISS en toda su carrera.
Un clásico del Heavy Metal 70’s.
Como no podía ser de otra manera, el álbum se presentó de
manera espectacular, con una portada obra de Ken Kelley en la que los cuatro
miembros se alzan entre las ruinas de la civilización moderna como si de cuatro
Titanes se trataran. En la funda interior debuta la KISS Army, ejercito de fans
que curiosamente se dieron a conocer gracias a una amenaza de bomba. Pero…
detrás de muchos grandes álbumes se esconde un proceso de creación doloroso.
KISS no eran los Stones, no tenían el talento necesario para poder retirase a
Francia y crear canciones sin que sus excesos afectaran su calidad como músicos.
Las fisuras que ya existían dentro del KISSuniverso se hicieron mayores durante
la grabación de este monstruo. Bob Ezrin se mostró como un tirano destronando a
Genie Simmons, Peter Criss demostró no estar preparado para un tarea tan
complicada como mantener el tempo de los temas (ni siquiera sabía lo que era un
4/4) y se empeñó en colar una “composición propia” que ni siquiera era suya;
Ezrin lo forzó al máximo y lo recompensaba con rayas de cocaína más largas que
la lengua de Simmons. Ace Frehley prefería jugar al póker y salir de fiesta antes
que aguantar a Ezrin (que lo introdujo a los “milagros” del polvo de ángel) o tener
que repetir un solo de guitarra, lo que llevó a Dick Wagner a colar un par de
solos, no acreditados en su momento. Y súper Paul Stanley, el Don Juan made in
U.S.A., pasó por alto la adicción a la cocaína de Ezrin y se propuso adoptar el
papel de productor adjunto. Nuevamente la maquinaria del engaño avanzaba
amenazante.
No solo la grabación fue accidentada. Los fans más acérrimos
rechazaron el disco por su sonido más próximo al mainstream que al rock
callejero de sus inicios y la inclusión de una balada. Para la gira de
presentación decidieron crear un show tan exagerado que hubieron de rechazarlo,
y estamos hablando de un grupo que escupía fuego, sangre y bombas de humo!!!.
Los primeros shows de la gira demostraron que las nuevas composiciones
requerían mayor nivel como músicos del que un Peter Criss adicto a la coca
podía mantener y temas como “Flaming Youth” cayeron del set. A pesar de todo se
esforzaron y poco a poco el repertorio comenzó a funcionar, con un Gene Simmons
pletórico en su papel de “God Of Thunder” y un Stanley lleno de vigor saltando
de un lado a otro del escenario llegando a los corazones de todos los chicos y
chicas. El bootleg editado en DVD de su show en Anaheim muestra ese
perfeccionamiento.
A mediados de 1976 “Destroyer” se convirtió en disco de
platino y las criaturas del derroche recibieron la noticia del siglo: ya eran
millonarios. Su aparición en el programa de Paul Lynde y la repercusión
radiofónica de “Beth” (cara B del sencillo “Detroit Rock City” que pronto
eclipsó al resto del disco) los
convirtió en un grupo más asequible para el gran público. El camino del exceso se haría más llevadero
gracias a las toneladas de dólares que guardaban en el KISSbank. Poco después
se meten de nuevo en el estudio. La máquina de fabricar dólares no podía
descansar.
Rock And Roll Over (1976)
Con la lección aprendida, el grupo regresa al estudio con
una intención clara, grabar un disco de Rock & Roll y alejarse de las
producciones grandilocuentes. Hacen una llamada a Jack Douglas, productor de
los grandes discos de Aerosmith, pero este declina la oferta. Vuelve a entrar
en escena Eddie Kramer, conocedor del sonido del grupo y pieza pivotal a la
hora de dar forma al que muchos consideran el mejor disco en estudio del grupo,
incluido yo. Esta vez optaron por dejar atrás las composiciones épicas y los
tempos imposibles para soltar un chorro de Hard Rock bien caliente,
reminiscente de sus primeros discos. Ace Frehley y Peter Criss estaban descontentos
con la producción de Bob Ezrin en su anterior trabajo, de modo que la entrada
de Eddie Kramer supuso un chute de energía que, combinado con la creciente adicción
del dúo dinámico al polvo blanco ayudó a mejorar el resultado. La selección de
temas es impecable, llena de clásicos: “I Want You”, “Ladies Room”, “See You In
Dreams”, “Baby Driver”, “Hard Luck Woman”, “Take Me”, “Makin’ Love”, “Mr. Speed”…
Hard Rock de 24 quilates. La banda suena pletórica, excitante, perfectamente
engrasada. Un clásico imprescindible.
Como venía siendo habitual en el KISSworld, el disco salió a
la venta enfundado en una portada increíble propia de un comic de Marvel. Con un
regalito en su interior: un súper sticker con la portada del álbum,
complementado con una hoja de pedido para enrolarse en la KISS Army y, de paso,
gastarse unos dólares en merchandising. Por supuesto, la grabación del disco
tuvo sus momentos de tensión gracias a “The Catman”, que creyó (junto al resto
del grupo) que gracias a Kramer lograría un sonido de batería como el de John
Bonham. Huelga decir que ni el mejor ingeniero del planeta sería capaz de lograr
que un baterista tan mediocre como Peter Criss sonara como Bonham, sobre todo
teniendo en cuenta que Kramer tuvo que marcarle el tempo durante toda la
grabación. Pero Criss ya había demostrado a estas alturas que lo suyo era tocar
las pelotas y también se empeño en cantar un tema que Stanley compuso para Rod
Stewart: Hard Luck Woman. Pero esta vez el resultado final funcionó de
maravilla, el gato farlopero nunca cantó mejor en su vida y proporcionó un clásico
atemporal. Y por mucho que se empeñe en acusar a Simmons y Stanley de modificar
sus “composiciones” (ni siquiera sabía tocar la guitarra, por dios!!!) “Baby
Driver” suena de maravilla.
Nuevamente salen de gira para promocionar el nuevo disco,
llegando hasta Japón en 1977, donde ofrecen uno de los mejores conciertos de su
carrera, documentado en KISSology Vol.1, en el que la banda (incluido “The
Catman”) suena perfectamente. Nadie diría que en ese momento toda la estructura
interna se estaba derrumbando. Las drogas duras afectaban la calidad como músicos
de Frehley y Criss, los radicales cristianos del Bible Belt amezaban
constantemente al grupo (Kids In Satanic Service !!!) y Simmons y Stanley crecían
en codicia y ansia de protagonismo. Pero la máquina de hacer dinero seguía rodando
y rodando.
Love Gun (1977)
El sexto álbum en estudio de KISS padece de la misma
dolencia que “Dressed To Kill”. La aparición de temas de relleno convierte un
disco que podría ser sobresaliente en un producto más próximo a la comida rápida
que a un buen menú de restaurante. Esta vez deciden encargarse ellos mismos de
la producción asistidos por Eddie Kramer (algo más que discutible, sabiendo que Kramer
era carne de estudio y KISS no eran muy brillantes) logrando un sonido más próximo
al rock FM que al Heavy Rock marca de la casa. No podían compararse con
Aerosmith, grupo capaz de logra un sonido orientado a las emisoras de radio sin
traicionar su esencia Hard Rock. Pero, al igual que “Dressed To Kill” este
disco está lleno de hits atemporales: “Love Gun”, “Plaster Caster”, “Shock Me”,
“Christine Sixteen” y “Tomorrow And Tonight” son joyas de muchos quilates. Además,
Ace Frehley se estrena a la voz cantando “Schock Me”, dejando claro por qué no
lo había hecho antes. Pero, por mucho que Stanley se empeñe en decir lo contrario,
los temas de relleno no hacen favor alguno; “Then She Kissed Me” es una versión
innecesaria que demuestra que las ideas empezaban a escasear, y “Almost Human”
es un vano intento de Simmons de hacer sonar funky a un grupo nada funky. Casi,
casi excelente. Otro clásico.
Esta vez la presentación no es tan espectacular, pero
mantiene el nivel. Ken Kelley vuelve a encargase de la ilustración de portada y
de regalo un pistolita troquelada del tamaño del “Love Gun” de Paul Stanley. Y una
funda interior con el nombre de KISS escrito en sangre. ¡Qué miedo!
Nueva gira, la KISSmania en su punto álgido, el dinero
entrando por todos lados y deciden cerrar esta exitosa etapa “Grabando” un
sucesor para “Alive!”
Alive II (1977)
El arte del engaño de KISS alcanza su punto álgido con este
producto destinado a generar más dinero fácil. Conscientes de que los
adolescentes compraban cualquier cosa relacionada con KISS (radios, cinturones,
clavos oxidados…) decidieron ahorrar tiempo y se metieron en el estudio a
grabar el falso directo más famoso de la historia junto a “Unleashed In The East “ de Judas Priest. El resultado solo merece la pena por la
portada interior y el libreto que lo acompaña, ya que el set de calcomanías es más
cutre que invitar a cenar a tu novia a un Mac menú para niños. Uno de los
mayores problemas de este disco es que el repertorio de la época estaba formado
por temas de sus seis discos de estudio, de modo que, para no repetir temas
solo utilizaron 3 caras con canciones de sus tres discos posteriores a “Alive!”,
dejando la cuarta cara para unos temas en estudio que van de lo correcto (“All
American Man”) a la Pachanga pura gracias a una lamentable versión de The Dave
Clark Five; no quiero ni imaginar si hubieran seguido con su idea de grabar “Jailhouse
Rock, abortada tras la muerte de Elvis. La anécdota de la grabación es que Ace
Frehley no toca en ningún tema de estudio, excepto su “Rocket Ride”, que saldría
como sencillo en Japón. Bob Kulick se encargaría de rellenar las pistar de
guitarra solista y nadie se enteró. Sólo para coleccionistas como tú y yo.
La gira de presentación, interminable, está perfectamente
documentada en KISSology Vol.1, donde podemos apreciar el espectáculo que suponía
un KISSconcierto en 1977, mejor que en el infame Alive II, con unos KISS en estado de gracia, con un Simmons
sacando la lengua hasta con la boca cerrada, un Stanley machote como pocos
bailando como una Go-Go, un Peter Criss que acelera los temas a base de polvo
de ángel y un Ace Frehley con gravedad cero gracias a la ingesta masiva de alcohol
y cocaína.
Pronto, muy pronto, todos los excesos de sexo, drogas y
mercandising pasarían su factura. El principio del fin estaba a la vuelta de la
esquina, sonriendo maléficamente.




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