miércoles, 12 de marzo de 2014

1001 Discos Para Escuchar Toda La Vida: Jon Mueller "Metals"


Volumen. El factor más importante en este disco es el volumen. Diseñado de la misma manera en la que Iannis Xenakis componía, teniendo el espacio acústico en mente, Jon Mueller desarrolla este disco con la idea de lograr un estado mental al que sólo se puede acceder a través del volumen máximo. Con precedentes como las grabaciones en solitario de enormes bateristas como Andrew Cyrille o Max Roach, Mueller utiliza únicamente un instrumento en este album: la batería. Tratada con efectos y recurriendo a pequeños trucos como superponer platillos sobre los timbales para lograr unas texturas metálicas que aportan brillo al sonido grave, subgrave, que define el álbum. Imagina la clase de percusión que falta en los discos de Sunn O))) o KTL y te harás una idea aproximada del sonido de este disco. 

Pero Jon Mueller no camina solo en esta aventura arriesgada, necesita de alguien que logre capturar ese sonido tan grueso, tan orgánico y, para ello, nadie mejor que el grandísimo James Plotkin encargándose de la masterización, una colaboración más que habitual entre ambos artistas, que siempre da muy buenos resultados y con el añadido del sello de Tony Conrad (maestro minimalista) Table Of The Elements como hogar para esta joya. Con solo tres piezas, duración corta, portada críptica entre Black Metal y Neofolk y título destinado a romper las preconcepciones del público, este disco es minimalista en concepto, pero maximalista en forma. 

El inicio del primer corte “Trace Essential” ya nos avisa de lo que está por llegar. Unos golpes de timbales que se expanden a través del espacio a un volumen ensordecedor, como si Black Sabbath hubieran optado por interpretar una pieza para percusión firmada por Erik Satie, para dar paso a un redoble que poco a poco aumenta en intensidad antes de desencadenarse una explosión metálica que suena muy parecido a una tormenta de granizo golpeando una plancha de aluminio; tan intensa que cuando termina la reverberación se mantiene durante más de un minuto. 

En las notas de portada ya nos dejan claro que este disco es una aproximación al Heavy Metal y sus subgéneros sin recurrir a la teatralidad propia del género y esa afirmación queda muy clara en el siguiente corte “Homeostatic”, tema en el que Mueller recurre a los clichés del Thrash Metal y el Metalcore para dar forma a una pieza repetitiva, llena de texturas añadidas, superpuestas, disonantes, que deja espacio para un interludio en el que unos pequeños Gongs dan un respiro al oyente neófito antes de continuar con la orgia percusiva, que finaliza con un redoble de lo más sencillo; algo así como Stockhausen componiendo una pieza para Napalm Death . 

Está muy claro que Mueller es un baterista preciso y metronómico, capaz de aproximarse a cualquier género sin sonar flácido o vacio, por eso no extraña nada que en el ultimo corte “Mineral Balance” recurra al empleo del doble bombo (o doble pedalera, depende tu punto de vista) sin sonar a baterista de Death Metal ramplón, construyendo una pieza que, nuevamente, suena repetitiva, llena de texturas subyacentes y efectos creados con platillos que no parece tener principio ni fin, hasta que un golpe de Gong marca la despedida. Sin duda uno de los mejores discos editados a principios de este siglo XXI. Espero que os guste.

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