domingo, 2 de marzo de 2014

1001 Discos Para Escuchar Toda La Vida: Todd Rundgren "Todd"


Todd Rundgren estuvo muy ocupado durante 1973. Produjo a los New York Dolls y a Grand Funk, editó su magnum opus (AWATS) y consolidó su relación con Bebe Buell, modelo de playboy y musa de la etapa más fructífera del artista. Con el ego inflado y con síntomas inequívocos de priapismo agudo, decidió llevar más allá las teorías expuestas en su anterior disco y entregó a sus seguidores un regalo con forma de disco doble, el segundo de su carrera.

Titulado simplemente “Todd” (así es como lo conocemos sus fans), empaquetado en carpeta sencilla, con un primer plano del artista ataviado con su melena multicolor en la portada, una foto de la grabación de una de las canciones del disco en Central Park (New York) en la contra y un poster generado con computadora (una de sus pasiones) con muchísimos, miles de nombres recibidos con las postales incluidas en AWATS, replicando la foto de portada en su interior, deja bien claro de qué trata este disco: el artista que cambió radicalmente de rumbo ha vuelto para quedarse, encarándose amistosamente con sus seguidores (y detractores) sin temor a perder, ya que conoce perfectamente su talento y sabe cómo manejarlo a su favor.

Estilísticamente, el disco es un compendio de varias tendencias en boga durante los primeros 70’s. La Estética Glam Rock, la experimentación electrónica alemana, el Prog Rock y Jazz Fusion, el Heavy Metal y el Pop radiofónico confluyen en un disco que suena realmente homogéneo en comparación con el anterior. Si “AWATS” era un viaje psicodélico lleno de cambios constantes, “Todd” se mantiene más uniforme sin renunciar al eclecticismo marca de la casa, teniendo en mente el directo como destino final para presentar al publico la música que contiene. Excesivo otra vez en minutaje, fue necesario dividir tanto exceso musical en dos Lp’s (en plena crisis del petróleo) para evitar dejar tema alguno fuera del juego. Pero, como es habitual en los discos dobles, esa jugada dio lugar a un disco en el que los temas más destacados eclipsan a los temas menores y los inevitables temas de relleno deceleran el ritmo de un disco que, a pesar de todo lo dicho, es ENORME. Excesivo como una noche de fiesta llena de momentos memorables que no deja resaca alguna.

Cara A, el disco comienza y Todd nos pregunta (con la pista de voz grabada al revés para hacerla sonar al derecho!!!) si nos apetece una Fanfarria. Antes de que podamos contestar nos asalta con una pieza de electrónica bizarra llena de percusión electrónica y sintetizadores locos que deja claro que Todd, con este álbum, es pionero en el campo del rock electrónico y que viene cargado de nuevo equipo para su propio estudio de grabación, Secret Sound Studio, incluyendo sintetizadores, cajas de ritmo (especialmente la Bentley Rhythm Ace) y varios gadgets para crear nuevas texturas y tratar las voces a su gusto. A la intro le siguen ”I Think You Know” y “The Spark Of Life”, que son dos piezas unidas; la primera es una canción de cadencia lenta, con un Todd encargado de todos los instrumentos, mostrando su creciente interés por la metafísica, exponiendo sus dudas existenciales…  la segunda es un instrumental con base rítmica electrónica y una pista de voz tratada con efectos de estudio que emula un solo de guitarra, sobre una colcha de sintetizadores interplanetarios. El manifiesto futurista inicial se ha completado, Todd demanda “a Little more humanity, please!!!” y el trato se sella con “An Elpee Worth of Tunes”, una parodia sobre la vida de un artista musical necesitado de un trozo de vinilo para promocionar su carrera, adornada con cómicos efectos de sonido heredados de Carl Starling y Raymond Scott, algo así como Bugs Bunny formando parte de The Mothers Of Invention; a modo de conclusión Todd declara que quiere “cambiar el mundo”. Y el cambio se produce, en forma de balada. Siendo el único single del álbum (¿?) “A Dream Goes On Forever” es el primer momento “convencional” del disco y curiosamente también forma parte de lo más experimental . Tremendo tema de pop electrónico (6 años antes de que se pusiera de moda esa etiqueta) que demuestra que Todd es un artesano del  POP con mayúsculas dispuesto a  arriesgar, creando una balada con acompañamiento de cajas de ritmo, texturas imposibles de sintetizadores y una melodía vocal que nos devuelve a “S/A”; el Hit Single del álbum, lanzado en Marzo del 74 y, posiblemente el único tema del disco que permanece en el corazón de la “cultura popular” a día de hoy. El cierre de la Cara A del disco se trata de una versión de Gilbert & Sullivan, extraída de su ópera “Loanthe”; recreada con asombrosa fidelidad, Todd da rienda suelta a su faceta más extravagante añadiendo múltiples efectos de sonidos disonantes a su particular interpretación vocal, permitiendo a su amigo Mark “Moogy” Klingman tocar el piano de acompañamiento.

La Cara B del disco se inicia con un instrumental sintetizado, titulado “Drunken Blue Rooster” que, a pesar de su titulo, no es parodia alguna del Blues, simplemente un divertimiento lleno de cambios de ritmo. La siguiente canción, “The Last Ride”, es una favorita de los fans, que siempre funciona mejor en directo que en estudio, acompañado de banda, con su tempo lento, letra de corte melancólico, solo de saxofón soprano y coda llena de guitarras solistas cargadas de feeling y pericia técnica; una joya. El Heavy Metal y el Prog Rock siempre han sido objeto de desprecio por parte de la crítica musical y Todd, sin preocupación alguna por la opinión ajena, decide fusionarlos en el ultimo corte del primer Lp, “Everybody’s Going To Heaven/King Kong Reggae”, increíble tema que, con su patrón rítmico inusual (cortesía de Kevin Ellman) y su velocidad frenética da paso a un Todd indignado con la visión Judeo-Cristiana del mundo que se ve envuelto en un duelo de solos de guitarra contra sí mismo (por supuesto) antes de que un King Kong creado en el estudio grite dando paso al fundido de salida más largo de 1974.

Todd durante la grabación de Sons Of 1984

Ahora toca levantarse y cambiar el Lp1 por el Lp2, comenzando por la Cara C, como debe ser. El inicio es insuperable, “Number 1 Lowest Common Denominator”  es un tema en el que lo acompañan el resto de miembros de Utopia, que en ese momento estaban en proceso de reformación y a punto de grabar un disco. John Siegler impecable al bajo eléctrico, Kevin Ellman (baterista injustamente olvidado y admirado por el mismísimo Neil Peart) ejerciendo de metrónomo humano, “Moogy” al órgano, Ralph Schuckett al clavinett y super Todd a la guitarra y demás efectos de estudio nos entregan un Blues Cósmico extraído de las superficies de Marte y Venus. Incluyendo un poema a base de pitch vocal decelerante antes de dar paso a un solo de tono extasiante, el tema avanza lento y pesado mientras Todd habla de manera realmente original y sin pudor alguno sobre el mínimo denominador común de nuestra existencia: el sexo. Por desgracia, la Cara C del disco es la de los temas de relleno, como “Useless Begging” canción agradable en concepto, que podría mejorar si no fuera por una percusión electrónica un tanto ramplona que no llega ni a experimental ni a lado alguno. “Sidewalk Café” es un instrumental ideal para un documental sobre naturaleza acuática, perfectamente ejecutado, que funcionaria mejor como B-side de algún single. “Izzat Love” es divertida pero, de nuevo, la destreza manual de Todd a la percusión es limitada y los destiempos echan a perder una canción simplemente correcta. Las revoluciones del vinilo se aceleran hacia la catástrofe y entre los escombros aparece el mejor tema del disco “Heavy Metal Kids”. Nuevamente el Heavy Metal es deconstruido para crear un canto al descontento que invade al adolescente que se ve convertido en un adulto de la noche a la mañana; quizá inspirado en “el chico de metal pesado” de William S. Burroughs o quizá no, Todd se mete de lleno en el papel de punk urbano y nos derriba con un solo de guitarra paroxista al máximo ejecutado sobre una base rítmica imposible. Repito, increíble.

Cara C y fin del disco. Todd siempre estuvo al tanto de todas la tendencias reinantes en el mundo de la música de su tiempo y, siendo conocedor de la obra de Stockhausen y sus alumnos Krautrockers, decide crear un instrumental que suena a Cluster versionando a los Beach Boys en una fábrica de robótica titulado “In And Out The Chakras We Go”; desquiciante a más no poder es la pieza más experimental del disco y también la más arriesgada. Para contrastar (y no asustar al oyente) llega “Don’t You Ever Learn”, canción de tono ligeramente progresivo que comienza con una melodía deliciosa de piano para derivar en una balada de temática reflexiva (“Don’t you ever listen, don’t you ever learn”) con interludio experimental incluido. Otra joya. El cierre del disco resume perfectamente el descontento de la generación hippie ante los eventos de la década de los ’70; el sueño se acabó y toda esperanza se perdió en un mal viaje de L.S.D y anfetaminas, por eso Todd decide crear el himno de Utopia, titulado “Sons Of 1984”. Grabado en directo en el Wollman Rink (Central Park, NY) con overdubs de otro concierto en San Francisco, el tono lirico de este particular himno es de resentimiento ante un presente desprovisto de un futuro claro en definición y musicalmente se ve enriquecido con la sección de viento de los Brecker Brothers, dando por finalizado con la calificación de notable un disco imprescindible. Espero que os guste.

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