Todd Rundgren estuvo muy ocupado durante 1973. Produjo a los
New York Dolls y a Grand Funk, editó su magnum opus (AWATS) y consolidó su relación
con Bebe Buell, modelo de playboy y musa de la etapa más fructífera del artista.
Con el ego inflado y con síntomas inequívocos de priapismo agudo, decidió
llevar más allá las teorías expuestas en su anterior disco y entregó a sus
seguidores un regalo con forma de disco doble, el segundo de su carrera.
Titulado simplemente “Todd” (así es como lo conocemos sus fans), empaquetado en
carpeta sencilla, con un primer plano del artista ataviado con su melena
multicolor en la portada, una foto de la grabación de una de las canciones del
disco en Central Park (New York) en la contra y un poster generado con computadora (una de sus
pasiones) con muchísimos, miles de nombres recibidos con las postales incluidas
en AWATS, replicando la foto de portada en su interior, deja bien claro de qué
trata este disco: el artista que cambió radicalmente de rumbo ha vuelto para
quedarse, encarándose amistosamente con sus seguidores (y detractores) sin
temor a perder, ya que conoce perfectamente su talento y sabe cómo manejarlo a
su favor.
Estilísticamente, el disco es un compendio de varias
tendencias en boga durante los primeros 70’s. La Estética Glam Rock, la experimentación
electrónica alemana, el Prog Rock y Jazz Fusion, el Heavy Metal y el Pop
radiofónico confluyen en un disco que suena realmente homogéneo en comparación con
el anterior. Si “AWATS” era un viaje psicodélico lleno de cambios constantes, “Todd”
se mantiene más uniforme sin renunciar al eclecticismo marca de la casa,
teniendo en mente el directo como destino final para presentar al publico la música
que contiene. Excesivo otra vez en minutaje, fue necesario dividir tanto exceso
musical en dos Lp’s (en plena crisis del petróleo) para evitar dejar tema
alguno fuera del juego. Pero, como es habitual en los discos dobles, esa jugada
dio lugar a un disco en el que los temas más destacados eclipsan a los temas
menores y los inevitables temas de relleno deceleran el ritmo de un disco que,
a pesar de todo lo dicho, es ENORME. Excesivo como una noche de fiesta llena de
momentos memorables que no deja resaca alguna.
Cara A, el disco comienza y Todd nos pregunta (con la pista
de voz grabada al revés para hacerla sonar al derecho!!!) si nos apetece una
Fanfarria. Antes de que podamos contestar nos asalta con una pieza de electrónica
bizarra llena de percusión electrónica y sintetizadores locos que deja claro
que Todd, con este álbum, es pionero en el campo del rock electrónico y que viene
cargado de nuevo equipo para su propio estudio de grabación, Secret Sound
Studio, incluyendo sintetizadores, cajas de ritmo (especialmente la Bentley
Rhythm Ace) y varios gadgets para crear nuevas texturas y tratar las voces a su
gusto. A la intro le siguen ”I Think You Know” y “The Spark Of Life”, que son dos
piezas unidas; la primera es una canción de cadencia lenta, con un Todd
encargado de todos los instrumentos, mostrando su creciente interés por la metafísica,
exponiendo sus dudas existenciales… la
segunda es un instrumental con base rítmica electrónica y una pista de voz
tratada con efectos de estudio que emula un solo de guitarra, sobre una colcha
de sintetizadores interplanetarios. El manifiesto futurista inicial se ha
completado, Todd demanda “a Little more humanity, please!!!” y el trato se
sella con “An Elpee Worth of Tunes”, una parodia sobre la vida de un artista
musical necesitado de un trozo de vinilo para promocionar su carrera, adornada
con cómicos efectos de sonido heredados de Carl Starling y Raymond Scott, algo así
como Bugs Bunny formando parte de The Mothers Of Invention; a modo de
conclusión Todd declara que quiere “cambiar el mundo”. Y el cambio se produce,
en forma de balada. Siendo el único single del álbum (¿?) “A Dream Goes On Forever”
es el primer momento “convencional” del disco y curiosamente también forma
parte de lo más experimental . Tremendo tema de pop electrónico (6 años antes
de que se pusiera de moda esa etiqueta) que demuestra que Todd es un artesano del
POP con mayúsculas dispuesto a arriesgar, creando una balada con
acompañamiento de cajas de ritmo, texturas imposibles de sintetizadores y una melodía
vocal que nos devuelve a “S/A”; el Hit Single del álbum, lanzado en Marzo del
74 y, posiblemente el único tema del disco que permanece en el corazón de la “cultura
popular” a día de hoy. El cierre de la Cara A del disco se trata de una versión
de Gilbert & Sullivan, extraída de su ópera “Loanthe”; recreada con
asombrosa fidelidad, Todd da rienda suelta a su faceta más extravagante añadiendo
múltiples efectos de sonidos disonantes a su particular interpretación vocal,
permitiendo a su amigo Mark “Moogy” Klingman tocar el piano de acompañamiento.
La Cara B del disco se inicia con un instrumental
sintetizado, titulado “Drunken Blue Rooster” que, a pesar de su titulo, no es
parodia alguna del Blues, simplemente un divertimiento lleno de cambios de
ritmo. La siguiente canción, “The Last Ride”, es una favorita de los fans, que
siempre funciona mejor en directo que en estudio, acompañado de banda, con su
tempo lento, letra de corte melancólico, solo de saxofón soprano y coda llena
de guitarras solistas cargadas de feeling y pericia técnica; una joya. El Heavy
Metal y el Prog Rock siempre han sido objeto de desprecio por parte de la crítica
musical y Todd, sin preocupación alguna por la opinión ajena, decide
fusionarlos en el ultimo corte del primer Lp, “Everybody’s Going To Heaven/King
Kong Reggae”, increíble tema que, con su patrón rítmico inusual (cortesía de
Kevin Ellman) y su velocidad frenética da paso a un Todd indignado con la
visión Judeo-Cristiana del mundo que se ve envuelto en un duelo de solos de guitarra
contra sí mismo (por supuesto) antes de que un King Kong creado en el estudio
grite dando paso al fundido de salida más largo de 1974.
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| Todd durante la grabación de Sons Of 1984 |
Ahora toca levantarse y cambiar el Lp1 por el Lp2,
comenzando por la Cara C, como debe ser. El inicio es insuperable, “Number 1
Lowest Common Denominator” es un tema en
el que lo acompañan el resto de miembros de Utopia, que en ese momento estaban
en proceso de reformación y a punto de grabar un disco. John Siegler impecable al
bajo eléctrico, Kevin Ellman (baterista injustamente olvidado y admirado por el
mismísimo Neil Peart) ejerciendo de metrónomo humano, “Moogy” al órgano, Ralph
Schuckett al clavinett y super Todd a la guitarra y demás efectos de estudio
nos entregan un Blues Cósmico extraído de las superficies de Marte y Venus.
Incluyendo un poema a base de pitch vocal decelerante antes de dar paso a un
solo de tono extasiante, el tema avanza lento y pesado mientras Todd habla de
manera realmente original y sin pudor alguno sobre el mínimo denominador común
de nuestra existencia: el sexo. Por desgracia, la Cara C del disco es la de los
temas de relleno, como “Useless Begging” canción agradable en concepto, que podría
mejorar si no fuera por una percusión electrónica un tanto ramplona que no
llega ni a experimental ni a lado alguno. “Sidewalk Café” es un instrumental
ideal para un documental sobre naturaleza acuática, perfectamente ejecutado,
que funcionaria mejor como B-side de algún single. “Izzat Love” es divertida
pero, de nuevo, la destreza manual de Todd a la percusión es limitada y los
destiempos echan a perder una canción simplemente correcta. Las revoluciones
del vinilo se aceleran hacia la catástrofe y entre los escombros aparece el
mejor tema del disco “Heavy Metal Kids”. Nuevamente el Heavy Metal es deconstruido
para crear un canto al descontento que invade al adolescente que se ve
convertido en un adulto de la noche a la mañana; quizá inspirado en “el chico
de metal pesado” de William S. Burroughs o quizá no, Todd se mete de lleno en
el papel de punk urbano y nos derriba con un solo de guitarra paroxista al máximo
ejecutado sobre una base rítmica imposible. Repito, increíble.
Cara C y fin del disco. Todd siempre estuvo al tanto de
todas la tendencias reinantes en el mundo de la música de su tiempo y, siendo
conocedor de la obra de Stockhausen y sus alumnos Krautrockers, decide crear un
instrumental que suena a Cluster versionando a los Beach Boys en una fábrica de
robótica titulado “In And Out The Chakras We Go”; desquiciante a más no poder
es la pieza más experimental del disco y también la más arriesgada. Para
contrastar (y no asustar al oyente) llega “Don’t You Ever Learn”, canción de
tono ligeramente progresivo que comienza con una melodía deliciosa de piano
para derivar en una balada de temática reflexiva (“Don’t you ever listen, don’t
you ever learn”) con interludio experimental incluido. Otra joya. El cierre del
disco resume perfectamente el descontento de la generación hippie ante los
eventos de la década de los ’70; el sueño se acabó y toda esperanza se perdió
en un mal viaje de L.S.D y anfetaminas, por eso Todd decide crear el himno de
Utopia, titulado “Sons Of 1984”. Grabado en directo en el Wollman Rink (Central
Park, NY) con overdubs de otro concierto en San Francisco, el tono lirico de
este particular himno es de resentimiento ante un presente desprovisto de un futuro
claro en definición y musicalmente se ve enriquecido con la sección de viento
de los Brecker Brothers, dando por finalizado con la calificación de notable un
disco imprescindible. Espero que os guste.

Thanks AP
ResponderEliminarGood read!
You're welcome, madam.
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